El largo camino de la igualdad atrapadas por el tiempo

El largo camino de la igualdad atrapadas por el tiempoA lo largo de los últimos treinta años, se ha conseguido introducir la preocupación por la igualdad de género en la agenda política.

Un logro que nace con el principio de no discriminación y culmina, en la actualidad, con el gender mainstreaming y la acción positiva como complemento.

Ambos planteamientos garantes de la corrección política en materia de género. Pero dicho avance en el diseño de políticas es insuficiente en la medida que persiste la desigualdad de género entre hombres y mujeres.

La razón de esta insuficiencia se debe, en buena medida, al exceso de discurso político y a la escasez de prácticas efectivas que permitan introducir cambios en la vida cotidiana de la ciudadanía.

En efecto, existe una brecha que separa el discurso de la práctica debido a la persistencia de los imaginarios sociales que reproducen estereotipos y roles de género.

Permanece el llamado modelo familiar del hombre ganador de pan y la mujer ama de casa

En este sentido, permanece el llamado modelo familiar del hombre ganador de pan y la mujer ama de casa. Aunque dicho modelo no se corresponde a la mayoría de la población (cada vez son más las parejas de doble ingreso donde hombre y mujer tienen un empleo), la sociedad sigue considerando como prioridad masculina la ganancia de dinero y como prioridad femenina el cuidado del hogar y la familia.

El largo camino de la igualdad atrapadas por el tiempoEllo representa el principal obstáculo para seguir avanzando por el arduo camino de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

En esta tesitura, parece cuanto menos oportuno preguntarse cómo superar dicho obstáculo. La respuesta es fácil: actuando sobre el origen del problema, a saber, la división sexual del trabajo.

En este sentido, se observa que la mayoría de medidas públicas se focalizan en el ámbito de la producción y tienen un único sujeto, es decir, responden al objetivo principal de aumentar la empleabilidad de las mujeres.

Por el contrario, apenas existen políticas orientadas al ámbito de la reproducción, cuna de las desigualdades de género, y más concretamente destinadas a aumentar la domesticidad de los hombres.

Ciertamente en los últimos treinta años ha crecido el número de mujeres presentes en el mercado de trabajo.

Ahora bien, es preciso recordar que la mejora cuantitativa no ha supuesto una mejora cualitativita. La segregación horizontal y vertical, la discriminación salarial y la persistencia del acoso sexual nos recuerdan que los hombres, todavía hoy, son más y se encuentran en mejores condiciones laborales que las mujeres.

¿Y cuál es la otra cara de la moneda?

Pues que en los últimos treinta años los hombres no se han incorporado en la misma proporción que las mujeres en el ámbito doméstico.

Consecuentemente, la mayoría de mujeres viven bajo un régimen de doble presencia donde acumulan responsabilidades familiares y laborales. Lejos de la tan aclamada conciliación, estas mujeres viven atrapadas por el tiempo.

Lejos de la tan aclamada conciliación, estas mujeres viven atrapadas por el tiempo.

La sociedad debe asumir que tal situación no es culpa del género femenino que no sabe organizarse, sino de una organización social que sigue subestimando el valor del trabajo doméstico y el trabajo de cuidados. Sólo así se podrá seguir avanzando por el camino de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

Escrito por Sara Moreno Colom
Doctora en Sociología, actualmente es profesora del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona.

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